Últimamente me han estado pasando muchas cosas. He tenido un verano movidito lleno emocionalmente. He tenido tanto cosas buenas como malas, aunque con mucho ganan las buenas. He tenido grandes encuentros sobre todo. Y dolor también raro a veces hasta el borde de la incomprensión, pero claro como el agua. Tristeza profunda acompañada de paz. Disbelief. Superación de obstáculos previos. Entregarme sin esperar nada por el placer de cuidar. Pensar en otra persona más que en mi.
Esto a veces me hace preguntarme si hasta ahora no había estado viviendo una vida egoista. La respuesta que siempre encuentro es que no, sino más bien bastante cuidada de los demás, de quienes suelo tener gran desconfianza, no porque crea que la humanidad es mala, sino más bien por la certeza de que no es entregada, de que no me deben nada y pueden desaparecer en cualquier instante o hacer lo que más les interese simplemente por ello y sin tenerme en cuenta. Y que eso no es malo, sino que simplemente es. Y que eso me da algo a lo que atenerme, no en el mal sentido, sino que simplemente sé cómo funcionan las cosas. Ahora ya no sólo me siento así. Sé también que hay gente que entrega por el placer de hacerlo, en contra de sus intereses, gente que actúa sin ton ni son, gente que se pone trampas a sí misma, gente que quiere hacer maldades por el placer de hacerlas y, sobre todo, porque se cree en su derecho. Y que tod*s hacemos un poco de todo eso. ¡Si es mucho más complicado de lo que pensaba!
También he estado pensando en la falta de sentido de la vida y de que no siempre va a ser de cierta manera. La vida hay que hacerla. Puede pasar de todo, dependiendo de cómo la llevemos o nos dejemos llevar. Pero que es importante labrársela e intentar hacer lo que un* quiere que sea - y cuidarse, que también nos la podemos cargar.